Hace mucho que no escribo, pues fui atacado por la madre de todos los males: la pereza.
No puedo dejar pasar una situación que vivimos en la oficina a la hora del almuerzo: una de mis compañeras llama a uno de los tantos lugares que dejan sus volantes en la oficina y pide un sandwich de jamón, queso, huevo y tomate, que según el volante costaba $ 8,00. Esta chica le pidió que sea "sin" tomate.
Hasta acá nada anormal, pero acá viene lo gracioso. Cuando llega el sandwich, la chica que lo trae le dice "son $ 12,00". Lógicamente, mi compañera se asombró, y al pedirle explicaciones del por qué de la diferencia con lo que dice el volante, la chica del delivery le explicó que la diferencia se debía a que ella lo había pedido "sin" tomate y eso lo encarecía.
Esto podría haber tenido un final lógico, que era devolver el sandwich y decirle al dueño del negocio que se vaya a la rep........ ma...... que lo recontra...... h... de una convención de prost..... Pero no, mi compañera lo pagó y nunca más comprará en ese lugar.
Increíble.
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Increíble.....supongo que lo lógico hubiera sido devolverlo, tal como decís.
ResponderEliminarSólo espero que esa compañera de oficina no sea de las que se quejan "en silencio" y le echa la culpa de "lo mal que está el país"....al resto de la humanidad...
Tuvo la oportunidad de hacer algo, de no dejarse engañar, en este caso por un comerciante....y....NO LO HIZO.