viernes, 17 de julio de 2009

Almuerzo en oficina

Hace mucho que no escribo, pues fui atacado por la madre de todos los males: la pereza.

No puedo dejar pasar una situación que vivimos en la oficina a la hora del almuerzo: una de mis compañeras llama a uno de los tantos lugares que dejan sus volantes en la oficina y pide un sandwich de jamón, queso, huevo y tomate, que según el volante costaba $ 8,00. Esta chica le pidió que sea "sin" tomate.

Hasta acá nada anormal, pero acá viene lo gracioso. Cuando llega el sandwich, la chica que lo trae le dice "son $ 12,00". Lógicamente, mi compañera se asombró, y al pedirle explicaciones del por qué de la diferencia con lo que dice el volante, la chica del delivery le explicó que la diferencia se debía a que ella lo había pedido "sin" tomate y eso lo encarecía.

Esto podría haber tenido un final lógico, que era devolver el sandwich y decirle al dueño del negocio que se vaya a la rep........ ma...... que lo recontra...... h... de una convención de prost..... Pero no, mi compañera lo pagó y nunca más comprará en ese lugar.

Increíble.